El ayuntamiento de Pradillos de Arlanza, municipio de Burgos con 87 habitantes censados, ha aprobado por unanimidad en pleno extraordinario la instalación de una estatua de bronce de Ernest Hemingway en la plaza Mayor, prevista para el próximo mes de abril, con un presupuesto de veintidós mil euros. El único sustento documental del vínculo entre el escritor y el municipio es el testimonio de Francisca Izquierdo, de 91 años, quien asegura haber visto al Nobel americano entrar en el bar de su difunto marido en el verano de 1954, pedir un pincho de tortilla y marcharse sin decir nada más. La señora Francisca admite también que en esa misma época confundía con cierta frecuencia a los turistas extranjeros altos y con barba entre sí.
Un testimonio que el pueblo ha decidido no cuestionar

La historia de Francisca circulaba desde hace décadas como anécdota de sobremesa sin más pretensión. Fue el concejal de cultura, Aurelio Naranjo, quien en una reunión de la asociación de vecinos del pasado enero propuso “darle un recorrido” al relato antes de que su protagonista, como él mismo señaló, “ya no pueda repetirlo”. La moción para la estatua se aprobó esa misma noche, antes de que nadie preguntara si existía algún diario, carta, fotografía o referencia bibliográfica que situara a Hemingway en la provincia de Burgos en el verano de 1954.
La respuesta a esa pregunta, formulada posteriormente por un periodista del Diario de Burgos, fue que no. Los archivos de la Hemingway Society no registran ninguna visita del escritor a Pradillos de Arlanza ni a ningún municipio cercano. En julio de 1954, Hemingway se encontraba recuperándose en Cuba de las secuelas de dos accidentes de aviación sufridos el año anterior que le habían dejado con fracturas múltiples y dificultades para caminar. El concejal Naranjo, consultado sobre este dato, ha respondido que “la historia de Francisca es la historia de Francisca” y que el municipio no tiene intención de revisarla.
Lo que recuerda exactamente la señora Francisca

El testimonio de Francisca, recogido en tres sesiones distintas por el cronista local Julián Pedrosa, presenta algunas variaciones entre una sesión y la siguiente que el propio Pedrosa describe en sus notas como “la riqueza natural de la memoria oral”. En la primera sesión, el hombre que entró al bar era rubio y llevaba sombrero. En la segunda, era moreno y llevaba boina. En la tercera, Francisca precisó que “podría haber sido en el cincuenta y cuatro o igual en el sesenta, la verdad es que los veranos se parecen mucho”.
En las tres versiones coincide sin embargo un detalle invariable: el pincho de tortilla lo pidió en castellano “con acento raro”, pagó con un billete grande y no esperó el cambio. “Eso sí lo recuerdo bien”, insiste Francisca, “porque mi marido guardó el billete y luego resultó que era de los de antes de la guerra y no valía nada”.
Un libro ya en marcha
El proyecto no se limita a la estatua. Ediciones Arlanza, sello local fundado en 2021 con dos títulos publicados, ha anunciado la edición de un volumen titulado Hemingway en Pradillos. La visita que cambió un pueblo, de unas ciento veinte páginas previstas, con prólogo del alcalde y un capítulo central dedicado íntegramente a la transcripción de los testimonios de Francisca. El autor, el propio cronista Pedrosa, reconoce que buena parte del libro estará dedicado a contextualizar la España de los años cincuenta, la trayectoria del escritor y su relación documentada con el país, “para llegar al capítulo de Francisca con todos los antecedentes necesarios”. Preguntado sobre si esos antecedentes confirman o contradicen el episodio del pincho, Pedrosa responde que “lo enmarcan”.
La editorial prevé una tirada inicial de quinientos ejemplares y ya ha solicitado que el volumen sea incluido en la bibliografía recomendada de la futura ruta turística Hemingway en Castilla, cuya existencia, a fecha de hoy, se reduce a este municipio.
La estatua, con pincho incluido

El diseño de la escultura, encargado a un taller de Miranda de Ebro, representa a Hemingway de pie, con barba, sosteniendo en la mano derecha un pincho de tortilla. El escritor mira hacia el horizonte con expresión que el escultor describe como “de alguien que acaba de descubrir algo”. El alcalde, Gerardo Fuente, ha puntualizado que la tortilla del pincho estará “hecha con mucho detalle, en bronce, para que se vea bien en las fotos”. Se ha descartado una versión inicial del diseño en la que Hemingway sostenía además una caña de cerveza, “para no cargar demasiado la escena”, según explicó el concejal Naranjo.
La inauguración está prevista para el último sábado de abril, con la presencia confirmada de la señora Francisca, que ha pedido que la ceremonia sea por la mañana porque por las tardes le baja la tensión y “no estoy para discursos”.

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