La plataforma de alquiler turístico Airbnb ha presentado su nueva categoría premium Anfitrión Invisible, un servicio en el que el propietario del piso permanece escondido dentro de la vivienda durante toda la reserva y se comunica con el huésped exclusivamente mediante notas dejadas en la nevera. La primera tanda de plazas se ha agotado en menos de dos horas.
Un armario y un malentendido que se convirtió en modelo de negocio

El servicio nace de un episodio real ocurrido en enero, cuando el anfitrión Ramón Estelrich descubrió a última hora que había alquilado su piso del Cabanyal y no tenía dónde alojarse durante los cuatro días que su huésped ya había pagado y no podía cancelar. Estelrich decidió quedarse en casa, encerrado en el armario empotrado del pasillo, saliendo únicamente de madrugada para reponer café y dejar fruta fresca en la cocina.
El huésped, una turista canadiense, no llegó a notar su presencia y dejó una reseña de cinco estrellas en la que destacaba “un cuidado silencioso que hacía sentir el piso vivo, como si alguien lo cuidara en secreto”. La reseña se hizo viral en redes y Airbnb, según reconoce su portavoz, “no tardó ni una semana en convertir el accidente de Ramón en un producto con nombre propio”.
Formación, protocolo y algún incidente con los bomberos

Los anfitriones que optan a la categoría reciben un curso de doce horas sobre “cohabitación silenciosa”, que incluye técnicas de desplazamiento sin ruido, gestión de necesidades básicas en espacios reducidos y redacción de notas “cálidas pero breves”. La plataforma certifica además cada vivienda con un habitáculo específico, habitualmente un altillo, un trastero o el hueco bajo la escalera, adaptado para estancias de hasta catorce días.
No todo ha salido según lo previsto. En marzo, un anfitrión de Sitges quedó atrapado nueve horas detrás de un armario empotrado, que se trabó por dentro, y tuvo que ser rescatado por los bomberos mientras el huésped, que seguía sin saber que había alguien en la casa, preguntaba desde el salón “si el ruido era de las tuberías”. La app ha incorporado desde entonces un botón de pánico silencioso en el protocolo de formación.
Reseñas entusiastas y alguna sospecha tardía
La mayoría de los huéspedes valora la experiencia sin llegar a sospechar nada durante la estancia. Un cliente belga escribió que el piso “tenía un alma que no había sentido en ningún Airbnb anterior”, sin saber que esa alma llevaba seis días respirando bajo su cama. Otros huéspedes, más suspicaces, han empezado a dejar comentarios preguntando por qué la fruta “siempre aparece cortada del mismo lado” o por qué el wifi “se reinicia justo cuando alguien tose en la habitación de al lado”.
Al menos dos plataformas rivales han anunciado ya alternativas. Una de ellas ofrece el paquete Anfitrión Semivisible, en el que el propietario se muestra únicamente durante los primeros diez minutos de la estancia “para generar confianza” y desaparece después sin explicación. La app Convive, por su parte, adelanta que su plataforma prepara para el próximo trimestre una versión superior llamada Anfitrión Ancestral, en la que el propietario se comunicará con el huésped exclusivamente mediante golpes en la tubería, “recuperando formas de contacto más auténticas que el lenguaje escrito”.

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