Torresilla del Yermo (Zamora) ha decidido levantar, calle a calle, las conchas de vieira y las flechas amarillas que su ayuntamiento pintó en 1994. El motivo, según el consistorio, es tan sencillo como incómodo: ninguna variante histórica ni oficial del Camino de Santiago ha discurrido jamás por su término municipal. Todo el asunto, revela ahora el ayuntamiento, arrancó con un solo peregrino que se perdió una tarde de octubre y jamás llegó a saber lo lejos que estaba de tener razón.

Un alemán, una vaca y cuarenta kilómetros de error

Los vecinos observan el paso de peregrinos por la plaza
Treinta años de tradición bastaron para que el desvío pareciera histórico. Imagen generada con IA.

El origen documentado se remonta al 14 de octubre de 1993, cuando el peregrino alemán Klaus Dietrich, de 61 años, se desvió de la ruta francesa siguiendo, según su propio testimonio recogido en el libro de honor del ayuntamiento, “unas flechas amarillas que resultaron ser marcas de ganado trashumante pintadas por error con la misma pintura que usaba el matadero comarcal”. Dietrich caminó durante nueve horas, cruzó dos ríos y una autovía en construcción, y llegó a Torresilla del Yermo convencido de estar a un día de Santiago.

El entonces alcalde Feliciano Bragado no tuvo valor para desmentirlo. Le ofreció cama, cena y un sello improvisado hecho con el tampón de la oficina de correos. A la mañana siguiente indicó a Dietrich, con un gesto vago de la mano, “esa dirección, todo recto”. El alemán llegó a Santiago de Compostela diecinueve días después convencido de haber seguido el trazado histórico completo y así lo hizo constar, con entusiasmo notarial, en tres entrevistas a medios regionales alemanes.

De la vergüenza ajena a la señalización oficial

Sello Peregrino
Sello Peregrino

Lo que debía quedar en anécdota se convirtió en infraestructura. Bragado, presionado por la llegada de nuevos peregrinos que preguntaban por “el camino del alemán”, optó por pintar 170 flechas amarillas antes que seguir explicando, casa por casa, que no existía tal camino. “Era más fácil pintar que dar conversación”, reconoce en las actas municipales de 1994, que el ayuntamiento ha desclasificado esta semana.

La medida funcionó mejor de lo previsto. El bar del pueblo, El Cruce, llegó a sellar más de cuatrocientas credenciales al año. El albergue municipal, inaugurado en 2001, incorporó una réplica en escayola del tampón de correos original, hoy expuesta en su recepción bajo el título Sala del Peregrino Fundador.

La actual alcaldesa, Sagrario Nistal, admite que la gota que colmó el vaso no fue ningún informe técnico sino el cansancio acumulado. “Llevo nueve años en el cargo y he explicado la historia de Klaus Dietrich unas cuatro mil veces”, declaró en rueda de prensa junto al símbolo a medio borrar de la plaza mayor. “Hay peregrinos que se enfadan al saberlo, otros se ríen, y uno se puso a llorar. No puedo seguir gestionando este pueblo como si fuera guía turística de un malentendido”.

Nistal reconoce que el detonante final fue un email recibido en julio, firmado por un peregrino surcoreano que exigía la devolución de sus veintitrés euros de credencial por considerar el sello “fraudulento”, adjuntando capturas de Google Maps como prueba pericial.

El detalle que nadie esperaba

Tumba Klaus Dietrich
Tumba Klaus Dietrich

El ayuntamiento ha anunciado, junto con la retirada de la señalización, que mantendrá una única flecha amarilla intacta: la pintada sobre la lápida de Klaus Dietrich, fallecido en 2011 y enterrado, por voluntad propia, en el cementerio de Torresilla del Yermo “para no tener que caminar tanto en la próxima vida”. La corporación municipal estudia declararlo, a título póstumo, Peregrino de Honor de un Camino que no existe.

La propietaria de El Cruce, Amparo Villalán, calcula que el negocio podría perder “entre un veinte y un treinta por ciento de la clientela de verano” y ha pedido una compensación que el ayuntamiento, de momento, no contempla. La asociación de hospitaleros voluntarios de la comarca lamenta “la confusión generada durante años entre los peregrinos”, aunque reconoce que el sello de Torresilla “seguirá siendo el más bonito de la provincia, aunque no compute para nada”.

Varios ayuntamientos vecinos han evitado hacer declaraciones sobre si sus propias flechas amarillas responden a algún peregrino perdido similar. Seguiremos informando.